Los lunes sin sol

Siempre había pensado que el sol no era más que un estorbo.
Debido a su trabajo a la intemperie y gracias al calentamiento global, tenía que soportar cada vez más y más jornadas laborales a pleno sol. Era realmente molesto, más cuando su horario era larguísimo: desde el alba hasta el anochecer.
A veces pensaba que ójala hubiera elegido otro trabajo pero, a decir verdad, él no había elegido el suyo, más bien su trabajo le había elegido a él. Lo llevaba en los genes, si es que podía decirse así. Por tanto, sólo podía quejarse amargamente del maldito sol y esperar que una fina lluvia refrescara su abrasada piel proporcionándole un descanso. Claro, que si la lluvia era frecuente tampoco le hacia demasiada gracia.
Pero todo eso se había acabado. Ya no tenía que quejarse más por los elementos. Y justamente eso era lo que le hacía estar triste, su ciclo había terminado. Ya no había sol... ni lluvia... ni trabajo. En cuanto edificaron aquel maldito edificio todo terminó: su larga sombra proyectada sobre el resto de casuchas del casco antiguo había sido la cruel metáfora de su final.
Al fin y al cabo, ¿qué podía hacer un reloj de sol al que nunca le llegaba luz?

Propósito de enmienda

Esta vez -debido a la cercanía del nuevo curso escolar/laboral- se me ha ocurrido hablar de los propósitos. Si, esa especie de auto-promesas quela gente se hace a sí misma para sentirse mejor. Siempre que hay un comienzo de algo, ya sea el año nuevo, el nuevo curso, el nuevo trabajo o el nuevo mes, la gente tiende en masa a planterse metas.
Por ejemplo, una muy común es la típica de: este año voy a ir 5 dias a la semana al gimnasio. O también, este año voy a llevarlo todo al dia.
Esto, más que propósitos son imposibles, no nos engañemos. ¿Y luego que pasa? Pues que no los cumplimos y aquí hay dos opciones:
Te deprimes, piensas que no tienes fuerza de voluntad, que esto hay que arreglarlo como sea y que a partir de mañana cambiará la cosa y entonces, como te sientes mal, te vas a tomar una cerveza con los colegas.
La otra opción es que aceptas que el propósito era demasiado para ti, asumes que has hecho lo que has podido... y te vas a tomar una cerveza con los colegas.
Si es que luego te pasa como a los equipos de fútbol. En septiembre todos son tricampeones, y luego claro! menudas decepciones. Yo si fuera Laporta o Florentino lo tendría muy claro: este año nos proponemos que vamos a bajar a segunda. Si luego resulta que ganamos la copa de Europa menuda alegría!!! ¿Y si bajamos qué? Pues nada, hemos estado a la altura de lo que esperábamos, hemos trabajado bien y nos hemos mantenido fieles a la filosofía del club. Hemos cumplido los objetivos y esperamos ansiosos la nueva temporada.
Pero vamos a ver, ¿la idea del propósito no es sacar lo mejor de una mismo, y ayudarte a sentirte bien?. Pues aquí es donde yo veo el problema. Los propósitos tienen que ir de acuerdo para conseguir esto mismo. Un ejemplo:
Yo no quiero saber nada de física cuántica, es algo tan complejo que me estresa. Pues bien, cada mañana me levanto con pensamientos positivos acerca de no aprender nada de física cuántica, y ya me veis. No tengo ni la más remota idea de física cuántica. Y como no me estreso, me siento bien. Propósito cumplido, ya puedo ir a tomarme una cerveza con los colegas.
La idea es esta, en lugar de proponerte ir al gimnasio, proponte apuntarte. Eso ya es un gran paso, además, sólo con el rodeo que darás para no pasar por delante de la puerta y que el entrenador pueda verte, pues ya haces el ejercicio diario recomendado.
Otra cosa que me preocupa de los propósitos es los propósitos enfrentados. Porque claro, imagenemos a dos personas cualquiera. Una de ellas se ha propuesto ser amabley generosa con todo el mundo, y la otra se ha propuesto ser un auténtico cabronazo con el resto de la humanidad. ¿Cómo sería una conversación entre ellos si se encontraran?:
- Hombre, payaso! Contigo quería yo encontrarme. ¿Sabes que todas las tardes mientras estás en la tienda haciendo horas extras me tiro a tu mujer e hijas?
- Si???!!!! Joder, que alegría macho!!!. Así me gusta, que te sientas cómodo con los míos. Mira, toma una copia de la llave de casa y vente que te invito a una cerveza.
Si es que yo creo que esto es sólo otra moda más importada de las series americanas. Que siempre sale la gente anunciando su propósito para el nuevo año. Y claro, aquí culo que vemos culo que queremos.
Pues nada, si hay que proponerse metas yo para este nuevo curso me propongo ser nombrado Mister Universo, meter el gol que le de a España la primera Copa del Mundo, liarme con Elsa Pataky y dejarla plantada por Angelina Jolie, ganar un Oscar a la mejor iluminación, ser el estudiante un millón y que me regalen la carrera, que me toque el gordo y el Niño (no Torres, eh!), ah! y sustituir a Alonso en Renault.
Seguramente no alcanzaré ninguna de estas metas (igual la de la Pataky...), pero desde luego el barman que se haya propuesto vender el doble de cañas que el año pasado lo tiene en el bolsillo.

Medalla de honor?

Agazapado detrás de una rocas, cubierto como estaba de polvo, exhausto hasta decir basta, era la persona más feliz del mundo.
Había pasado los últimos meses combatiendo en un lugar extraño por unos ideales que no eran los suyos. Las muertes que había cobrado le valieron muchos galones en su casaca y un tremendo pesar en su corazón. Aquellos hombres tenían el mismo motivo que él para permanecer allí rehuyendo a la muerte: sobrevivir.
Sin ir más lejos, durante las últimas horas había formado parte de la mayor ofensiva militar de la historia. Y había valido la pena.
Cansado de sentir el susurro de la muerte junto a su oído, de arriesgar su vida por defender una posición que le decían era estratégica, se presentó voluntario para la última batalla. Antes del amanecer ya se encontraba avanzado hacia el búnker. Al despuntar el alba cayeron sobre el edificio enemigo. Las balas silbaron, estallaron los obuses, sus compañeros caían aquí y allá. Mataban y eran matados por decenas. La muerte se cebó con la zona. Todos ellos sabían que no había nada más: ganar y vivir libres o caer en el olvido.
Largas horas duró la contienda, pero finalmente un movimiento estratégico de su pelotón les permitió envolver el búnker por dos flancos. Mientras sus compañeros atraían el fuego hacia si, ellos sorprendieron al enemigo. No dejaron alma con vida en aquel lugar.
Un anuncio por radio transmitió la noticia al resto del ejército. Al cabo de pocos momentos el país entero conoció la buena nueva. La guerra había acabado.
Había merecido la pena estar allí, al fin y al cabo, aquellos hombres devolvieron a sus gentes el auténtico don de la vida: la libertad.
Ahora pensaba en la medalla que recibiría, en el tratamiento especial con el que iba a ser recompensado... pero no le importaba. Había obtenido mucho más de lo que esperaba antes de aquel amanecer. Sólo quería descansar y olvidar aquel horror.
Sin más, se levantó de la silla frente al televisor y apagó la videoconsola.